sábado, 10 de marzo de 2012

Capítulo 39.

Me desperté igual de triste, con el mismo puto pensamiento rondando en mi mente. Louis jugaba con algunos mechones de mi pelo y me producía escalofríos.
- Buenos días princesa - sonrió.
- Buenos días cielo - esbocé una sonrisa muy falsa, muy fingida, muy forzada y Louis lo notó.
- No seas tonta, no va a pasar nada - intentó tranquilizarme - son sólo cuatro días.
- ¿Sólo? - le miré - Louis, cuatro días son como una eternidad para mí.
- Ya verás como se te pasa rápidamente.
- No estaría tan segura - le abracé - cuando estoy sin ti mi mundo es aburrido y apesta.
- Cuando te des cuenta ya será 30 de julio y estarás esperándome en el aeropuerto con una gran sonrisa de nerviosismo.
- ¿Cómo es esa sonrisa? - puso una cara muy rara y me reí. Me reí. Louis siempre me hacía reír aunque estuviera pasando por el peor momento de mi vida, siempre lo conseguía, tenía esa habilidad que lo hacía totalmente irresistible. Bajamos a desayunar, estaban todos, Carla y Liam ya habían vuelto así que aprovecharon para darle la noticia. María y Carla reaccionaron muy bien, de forma muy madura, no me sorprendió porque su relación era muy estable y estaba bien asegurada. Desayunamos y nos fuimos al aeropuerto en dos taxis. Su vuelo salía a las 12, no hacía falta que estuvieran una hora antes porque iban en jet privado así que no importó que llegáramos a las 11:30. Arnold se unió a nosotros en el aeropuerto, habló con alguien por el pinganillo y les dijo a los chicos que era hora de irse, esa frase me partió el corazón.
- Louis, no quiero despedirme de ti - dije mientras nos fundíamos en un gran abrazo.
- No es una despedida, es un hasta luego, volvemos en cuatro días.
- Me da igual, no quiero estar cuatro días sin ti - una lágrima cayó y mojó su camisa.
- Eh - me levantó la cara - no llores ¿vale? Yo también estoy muy triste y no quiero irme, estoy a punto de quedarme aquí contigo y mandarlo todo a la mierda así que no llores, no lo hagas más difícil.
- Te voy a echar de menos - sonreí aunque las lágrimas inundaras mis ojos de nuevo.
- No tendrás tiempo para echarme de menos porque te llamaré cada hora.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo - nos besamos. Nos besamos como nunca lo hicimos, con pasión, amor, dulzura y a un ritmo lento, como si nuestros labios no quisieran separarse nunca.
- Te quiero - dije cuando nos separamos.
- Y yo - sonrió y nos volvimos a besar. Entonces llegó uno de los momentos más dolorosos de mi vida: ver como Louis se daba la vuelta, soltaba mi mano y entraba en el avión. Me recorrieron millones de escalofríos, temía que esa fuera la última vez que lo viera, que ese hubiera sido nuestro último beso, nuestro último abrazo y nuestro último "te quiero". Todas nos mirábamos, estábamos llorando en silencio así que nos dimos un abrazo en grupo, nos montamos en uno de los taxis de la salida y volvimos a la casa. Sin ellos la casa era silenciosa, fría y vacía. Ninguna hablaba, tan solo mirábamos los móviles por si los chicos daban señales de vida. Pasó una hora y entonces nuestro móviles sonaron a la vez, miré el mío. Un mensaje de Louis "Acabamos de llegar, te llamo en 1h. Te quiero xx". Cuanto lo echaba de menos, joder. Comimos lasaña precocinada del Tesco, ninguna hablaba, todas teníamos el móvil en una mano mientras hacíamos cualquier cosa con la otra. Ese día pasó lentamente y de forma pesada, Louis me llamó cada hora pero no era suficiente, necesitaba besarlo. Llegó la hora de dormir y me volvió a llamar, estuvimos hablando hasta que me oyó bostezar "buenas noches zanahoria favorita" "buenas noches cariño" y un beso al teléfono. Me acosté, la cama era demasiado grande sin él, tenía frío sin sus abrazos y me sentía sola y desprotegida. Me dormí con la misma sensación desagradable de la noche anterior, bueno, mucho más triste y desamparada.
El sol brillaba en todo Londres, hacía un día espléndido pero yo no tenía ganas de nada. Bajé a desayunar, las chicas estaban despiertas. Todas tenían mucho mejor aspecto que yo, hablaban, reían y sonreían ¿por qué yo no podía? A veces me odiaba a mí misma por ser tan estúpidamente complicada. Salieron a pasear y me dejaron allí sola. Desayuné cereales en el bol de Louis y me tomé un colacao en su taza, lo hice queriendo porque como sabéis me gustaba sufrir, era imbécil. Volvieron con varias revistas en las que salían los chicos en la portada, estuvimos ojeándolas. Por lo visto, los chicos habían salido de fiesta por París y se lo habían pasado muy bien. Genial. Louis se lo había pasado bien sin mí, me sentía fatal,él era capaz de sonreír sin mí. Me tumbé en el sofá para esperar que los días pasaran.
[Narra Louis]
Me desperté bastante tarde y con un leve dolor de cabeza, sí, resaca. Habíamos salido de fiesta nada más llegar a París porque un viejo amigo nos había invitado y nos daba cosa decirle que no. No tenía ganas de fiesta, ni yo ni el resto de los chicos pero al final disfrutamos bastante. Bajamos al buffet a desayunar y subimos a la media hora, quedaban 2h para la primera entrevista, tiempo suficiente para llamar a las chicas.
------------- LLAMADA TELEFÓNICA ---------------
- ¿Si? - dijo Alejandra con una voz muy apagada, muy triste.
- Buenos días - dije con un tono de voz alegre para intentar animarla.
- Hola, Lou - lo dijo en un suspiro, como si estuviera cansada. No quería que sufriera cada vez que nos separáramos por mi trabajo así que decidí hacer una cosa, fue la peor decisión de mi vida.
- Tengo que hablar contigo - dije poniendo un tono serio, oí como subía las escaleras para alejarse de las chicas.
- Dime - se le notaba bastante preocupada.
- Verás, ayer me fui de fiesta.
- Lo sé, he visto las fotos - me interrumpió.
- Necesito un tiempo - no sé ni cómo saqué fuerzas para decirlo, una pequeña lágrima resbaló por mi ojos, me dolía muchísimo lo que estaba haciendo pero lo hice para que no estuviera mal.
- No me jodas Louis - suspiró - ¿por qué?
- Porque - hice una pausa para inventarme un buen motivo - ayer me di cuanta de lo feliz que soy saliendo por ahí con gente de mi edad, bebiendo y eso.
- Si sabías lo de la diferencia de edad, ¿por qué me pediste salir? - tenía la voz quebrada, iba a llorar.
- No pensé en eso - las cosas se estaban torciendo, Alejandra estaba llorando y yo me estaba agobiando.
- ¿Vas a dejarme? - preguntó rápidamente.
- Supongo que es lo mejor.
- Vale - suspiró - está bien.
- Adiós - colgué.
------------ FIN DE LA LLAMADA ----------------
Fui estúpido, un gilipollas. ¿Por qué pensé que dejarla por teléfono mientras estaba en París no le haría daño? Lo hice para que no sufriera mientras que yo no estaba pero ahora el que sufría era yo y además seguro que esto había sido un golpe muy duro para ella. ¿Cómo había sido capaz de hacerle eso? Me odiaba a mí mismo, quise llamarla pero pensé que le haría más daño. Gilipollas. La quería de verdad, la amaba y la había cagado, la había perdido para siempre.
[Narra Alejandra]
No podía creer lo que acababa de pasar, no quería creerlo. Louis me había dejado por la puta diferencia de edad. Lloré durante una hora más o menos, lo quería mucho y se suponía que el también ¿qué había sido de lo de que la edad no importaba? ¿y de lo de que me quería? ¿Ya no quedaba nada? Mi suerte en el amor era envidiable, había estado poco más de dos semanas con Harry y cuatro días con Louis. No quise mortificarme más y bajé a contarle todo a las chicas. Ellas me abrazaron e intentaron consolarme pero pensé que lo único que lo haría sería pasear sola por las calles de Londres así que me puse unos leggins negros con una camiseta que tenía dibujada una carita sonriente y mis converse azules, me peiné, cogí dinero para comer por ahí y salí. Pensé en Louis, en nosotros y en mí. ¿Cómo iban a ser las cosas entre nosotros ahora que ya no estábamos juntos? Me dolía. Me dolía que me hubiera dejado sí, pero también me dolía que me hubiera dicho que me quería, que me hubiera prometido que me llamaría cada hora, que me hubiera prometido que anda iba a cambiar y que todas esas promesas las hubiera roto. Tonta de mí. No quería confiar en ningún chico más, prefería pasar mi vida soltera. Estaba tan metida en mis pensamientos que, cuando me quise dar cuenta, no tenía ni idea de dónde estaba. Me paré en seco y empecé a dar vueltas sobre mí misma para intentar reconocer algo pero no me sonaba nada.
- ¡Eh! - un chico alto, ancho de espaldas, con brazos fuertes, pelo como Zayn pero más claro, ojos verdes, labios carnosos y unos dientes perfectos se acercó a mí - Te has perdido ¿verdad?
- Sí, iba pensando y... no se como he llegado hasta aquí - sonreí nerviosa.
- ¿Eres española?
- Sí ¿cómo lo has sabido?
- Por tu acento, es irresistible a la par de inconfundible - sonreímos - además tu físico es típico del sur de España.
- Sabes mucho del tema.
- He ido a Cádiz un par de veces - sonrió poniendo un brazo detrás de su nuca - Soy Ashton, por cierto.
- Alejandra - le di dos besos - ¿sabes cómo llegar a Flint Street?
- Si, está bastante lejos - miró al suelo - pero tengo mi bici aparcada en una farola un par de calles más adelante, si quieres te llevo.
- Muchas gracias - sonreí y le seguí.
- Bueno, ¿cuántos años tienes? - preguntó para romper el silencio.
- 16 - le miré - ¿y tú?
- 18 - sonrió clavando sus ojos verdes en los míos. - Aquí está, esta es mi bici - señaló a una bici de color azul marino.
- ¿Cómo me monto?
- Siéntate en el manillar y yo me pongo en el sillín.
- Pero no verás conmigo.
- Que sí mujer, que tengo mucha práctica - intenté subirme pero al ver que no podía me cogió por la cintura y me ayudó a sentarme en el manillar. - ¿Haces algún deporte?
- Sí - se sentó y me agarré fuertemente a sus hombros - ¿Por qué lo dices?
- ¡Rumbo a Flint Street! - me ignoró y comenzó a pedalear.
- ¿Por qué has sabido lo del deporte? - insistí.
- Porque tienes un buen culo - dijo mirándome con una media sonrisa súper sexy.
- Eso mismo dice mi novio - mierda, Louis ya no era mi novio. No rectifiqué, quería que Ashton creyera que estaba pillada para que no intentara nada raro.
- Es hora de comer ¿te parece que hagamos una pausa para comer en algún lado? - asentí y paró la bici frente a un Nando's, miles de recuerdos vinieron a mi mente y la gran sonrisa que tenía en mi cara desde que lo conocí desapareció por completo. Ashton pagó la comida, nos volvimos a montar en la bici y reanudamos el camino.
- Si tu novio es tan bueno ¿qué hacías sola en pleno Londres?
- Está de viaje en París.
- ¿Sin ti?
- Está trabajando, tiene que hacer varias entrevistas, vuelve en cuatro días - esbocé una sonrisa bastante falsa.
- Ya hemos llegado - paró la bici - este es el principio de Flint Street, espero que sepas encontrar tu casa.
- Muchas gracias Ashton - me bajé, le di dos besos y me alejé de él.
- ¡Espero verte otra vez! - gritó, no respondí pero sonreí como una tonta. 
Entré en la casa, hice un esfuerzo por hablar con las chicas, subí al cuarto de Louis pero me arrepentí porque todo me recordaba a él así que fui a la habitación de invitados. Dejé que el día pasara sin que me afectara y me dormí, no cené, no tenía hambre.
Otro día soleado en Londres, las chicas subieron a la habitación de invitados con un cartucho de churros para animarme un poco. Lo consiguieron, habían hecho lo imposible por encontrar churros en Londres, ¿qué menos que agradecérselo sonriendo? Al acabar de desayunar, nos pusimos los bikinis y nos tumbamos en el jardín a tomar un poco el sol que era verano pero empezábamos a perder el colorcito. Los chicos llamaban a las chicas tres veces al día, no les hacía falta nada más y eso me daba qué pensar.
- Podéis estar tranquilas - dije - no me molesta que habléis con los chicos, me da igual lo que Louis haga o deje de hacer.
- ¿De verdad? - preguntó María.
- He pasado página, ya no pienso en él.
- No te creo - Ari me miró a los ojos, me conocía muy bien, era mi mejor amigas desde que éramos unas enanas y siempre había estado ahí cuando yo tenía problemas de amor.
- Ya - suspiré - yo tampoco.
- Lo sabía - sonrió satisfecha - es que tienes seis sonrisas.
- ¿Qué? - preguntamos todas confusas.
- Tienes seis sonrisas - repitió - una para cuando te ríes porque algo te hace gracia de verdad y otra cuando te ríes por cortesía, una cuando te sientes incómoda y otra cuando de ríes de ti misma, otra cuanto algo te sorprende y otra cuando piensas en
- ¿En qué? - la interrumpí.
- En él, en Louis y esa es la sonrisa que tienes desde que estás con él.
- Estaba - corregí.
El resto del día lo pasamos vagueando, nos acostamos temprano porque al día siguiente llegaban los chicos a las 11 y querían ir a recogerlos así que debíamos estar allí una hora antes por si nos perdíamos. No sabía si sonreír o llorar por su llegada, no quería que llegaran, no sabría como actuar con Louis.
Las chicas me zarandearon para despertarme, lo odiaba. Odiaba que me despertaran y mucho más si era con zarandeos. Me metieron prisa para vestirme, me levanté y, cuando ya estaba medio vestida me acobardé, fingí que me dolía la barriga y me puse el pijama de nuevo. Me tiré en la cama y me dormí de nuevo. Me desperté sobresaltada sin saber por qué, bajé las escaleras y me detuve en la habitación de Zayn para mirarme en su gran espejo, me reí. Estaba muy pálida, tenía pelos de loca y, sinceramente, la camiseta que usaba a modo de pijama me quedaba ridículamente pequeña. Bajé, me cogí cuatro magdalenas de chocolate, cogí su taza, aquella de Bugs Bunny y me hice un colacao. Escuché un ruido de llaves y miré el reloj, las 13h. Pensé que se iban a ir a comer por ahí... no me importó, me quedé ahí en la cocina bebiendo un colacao frío en la taza de Louis.
- ¡Enana! - gritó Liam corriendo hacia mí.
- ¡Liam! - sonreí y nos abrazamos con mucha fuerza, le había echado mucho de menos.
- Alejandra, tenemos confianza pero no me vuelvas a recibir con esa camiseta tan ajustada porque tengo novia así que no te me insinúes - Harry nos apartó a Liam y mí, me abrazó y le di un beso en la mejilla. Miré a la puerta de la cocina y vi como Zayn se acercaba a mí con los brazos abiertos.
- Vas happenin' Alejandra? - me reí - te he echado mucho de menos - nos abrazamos y me dio un beso en la frente.
- ¡Pero si has crecido! - dijo Niall entrando en la cocina, después me abrazó. 
- ¿Tú no vas a abrazarme? - le pregunté a Louis, que estaba apoyado en el marco de la puerta.

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