- ¿En serio quieres que lo haga? - los chicos nos miraban muy atentos, estaba claro que Louis les había dicho que me había dejado.
- Joder, Louis llevo cuatro días esperando que lo hagas - Louis vino rápidamente hacia mí y me abrazó con mucha fuerza, me levantó del suelo y le rodeé la cintura con mis piernas. Apoyé la cabeza entre su hombro y su cuello y me apoyó en la encimera para no cansarse mientras me acariciaba el pelo. Oí como los chicos salían de la cocina para dejarnos solos, ninguno hablaba, simplemente nos abrazábamos en la misma postura en la que llevábamos cinco minutos.
- Te quiero - susurró en español, le miré sorprendida y sonriendo.
- ¿Por qué me dejaste?
- Porque pensé que te ayudaría a sufrir menos, soy gilipollas - nos abrazamos mucho más fuerte -y por que pensé que tu querrías a un príncipe azul.
- Yo solo quiero a un tonto que me haga reír.
- Dime que volveremos juntos.
- Yo solo quiero a un tonto que me haga reír.
- Dime que volveremos juntos.
- Por siempre ¿vale? - sonreí, no necesitaba más explicaciones, no necesitaba que me dijera nada más, lo quería y eso bastaba. - Pero prométeme que no habrá más estupideces como ésta.
- Prometido princesa, nunca más - sonreímos, nos separamos y nos besamos. Nos besamos por primera vez en cuatro días, fue un beso muy acelerado al principio que se fue calmando conforme pasaba el tiempo, sonreíamos como tontos cada vez que nos separábamos para coger aire, era el beso que tanto había esperado. Paramos, me bajó de la encimera y fuimos al salón con los demás. Todos estábamos sentado en el sofá besándonos con nuestra pareja, la ocasión lo merecía. Me daba igual que se me desgastaran los labios, solo quería celebrar que estaba con Louis otra vez. Tenía hambre pero Harry no se separaba de Ana así que propuse un juego, pensé que como eran tan competitivos no lo rechazarían.- Escuchadme - levanté la voz y todos me miraron - ¿qué os parece si jugamos a quién es la pareja que tarda más en besarse?
- ¿Por qué? - preguntó Harry - Yo no quiero dejar de besar a Ana.
- Porque tengo hambre y quiero que cocines de una vez - todos se rieron - No es complicado, simplemente tenemos que aguantar sin besarnos, la pareja que pierda se lleva un castigo.
- ¿Y la que gane? - preguntó Louis.
- Obviamente, un premio - sonreí - ¿Listos? - asintieron - ¡Que empiece el juego!
Harry se levantó a cocinar para mantenerse ocupado y los demás buscaron otras cosas que hacer.
- ¿Estás segura de que aguantarás tanto tiempo sin besarme? - preguntó Louis con una media sonrisa muy sexy.
- ¿Quién te has creído? Puedo aguantar todo lo que quiera.
- Está bien - dijo desafiante - a ver cuanto aguantas desde ya.
- Vale, pero tú tampoco puedes besarme.
- Genial, quien pierda de los dos... - intentó pensar en algo - bah, ya lo pensaremos.
- Vale, empezamos ya - asintió y me fui con Harry a ayudarle a cocinar. Mientras que el cogía los ingredientes le acariciaba los rulos y le daba besos en las mejillas.
- No me distraigas - rió - que me haces cosquillas, me pongo tontorrón y al final la comida sabe mal y os quejáis.
- Vale - sonreí y seguí ayudándolo. Miré a Louis, nos miraba y negaba con la cabeza con cara de estar maquinando algo. Al rato, me fui de allí y me acerqué a Louis, llevaba el pijama ajustado así que no tardaría mucho en caer, quería que Louis perdiera la apuesta.
- Dios - intentó no mirarme - esto es jugar demasiado sucio - se mordió el labio y bajó la mirada, estaba irresistible, me moría por besarlo pero hice un esfuerzo por ganar la apuesta.
- Vas a perder, Tomlinson - sonreí triunfante.
- ¿Qué te cuesta besarme? - dijo como un niño chico.
- Si tanto quieres besarme, hazlo tú.
- No voy a perder - se separó de mi, se quitó la camiseta y la dejó allí en el sofá. Me miró con esa media sonrisa tan seductora y se acercó a mí, se acercó mucho.
- No vale quitarse la camiseta - rechisté como una niña pequeña.
- Sí vale y esto también - me empezó a hacer cosquillas de forma que acabé tumbada en el sofá con él encima mío a unos pocos centímetros.
- No, Louis - me quejé.
- Calla y ven con tu novio - se acercó más todavía, nuestras narices se estaban rozando, no podía aguantar más, iba a besarlo. No quería perder así que le soplé en la cara y aproveché que quitó los brazos de mi alrededor y me escabullí. No sabía por qué estaba haciendo tal gilipollez, había estado cuatro días sin besarlo así que me moría por hacerlo. Louis subió para avisar a los que estaban arriba de que la comida ya estaba lista.
- ¡Habéis perdido! - Louis gritaba y reía como un niño pequeño - ¡Una pareja menos! ¡Chicos, Zayn y Ari han perdido! - bajó corriendo y me abrazó parra celebrarlo. Fuimos a la cocina a por la comida y nos sorprendimos al ver que Harry se estaba liando con Ana - ¡Otra pareja menos! - gritó de nuevo - ¡Quedamos tres!
Nos sentamos a comer, hoy tocaba puré de patatas con salchichas. Estaba delicioso, había echado muchísimo de menos la comida de Harry, realmente era un buen cocinero. Al acabar, nos tumbamos en los sofás a dormir una siesta, estábamos tan cansados que dormimos hasta las 19:30
- ¡Oh! Dios, mira que hora es - exclamó Louis al despertarse - Ve a ducharte, corre.
Le obedecí. Cuando salí de la ducha no supe qué ponerme, tras rebuscar entre toda la ropa que tenía esparcida por la habitación de Louis encontré un vestido marinero muy bonito y veraniego. Era de palabra de honor, la parte de arriba era ajustada, imitando a un corsé y la parte de abajo era de rayas y tenía mucho vuelo. Me puse mis taconazos azules marino, me alisé el pelo, me hice un pequeño tupé y me puse un poco de rímel. Cuando bajé estaban todos menos Louis, que había ido a ducharse a la habitación de Harry para acelerar el proceso. Al rato, bajó las escaleras, iba guapísimo. Llevaba unos pitillos beiges con una blusa blanca y unos tirantes del mismo color que los pantalones, el pelo lo llevaba revuelto como siempre. Tras muchas ovaciones salimos de allí, íbamos por las calles de Londres cogidos de la mano y haciendo millones de tonterías. No sabía a dónde íbamos pero confiaba en él porque lo quería. Nos paramos frente a un portalón negro o azul marino, la calle estaba tan oscura que no distinguía bien el color, subimos muchas escaleras y llegamos a la puerta de un piso, Louis sacó la llave, abrió y me invitó a pasar.
- ¿De quién es este piso?
- De Harry y mío - sonrió y encendió la luz entonces pude ver todas las fotos. El piso estaba bastante bien decorado, con muy buen gusto y estaba muy buen distribuido. Al fondo del salón había un pequeño balcón desde el que se veía todo Londres.
- Esto es precioso - dije admirando las vistas.
- Lo más precioso que hay en todo Londres eres tú - entonces le besé y sonrió.
- ¡Has perdido! - gritó.
- Me da igual, no podía aguantar más sin comerte a besos - sonreímos y nos volvimos a besar.
- Esto es mejor que no lo sepan los chicos así todavía tenemos oportunidades de ganar - me reí, era muy competitivo y me hacía mucha gracia. Salimos del balcón y me llevó al comedor, estaba preparado para una cena de dos ¿cómo lo había hecho? Tal vez por eso llegaron a las 13 del aeropuerto, porque se pararon para preparar todo esto, entonces Louis ya tenía previsto que lo perdonara... Su voz me sacó de mis absurdos pensamientos sin sentido - Siéntate, por favor.
Le obedecí, encendió la vela que estaba en mitad de la mesa y trajo dos copas de vino y una tortilla de patatas.
- Espero que esté buena, es que el que cocina es Harry - me cortó un trozo y lo probé, no era la mejor tortilla del mundo pero se podía comer sin miedo a morir por envenenamiento.
- No es nada del otro mundo, es pasable - dije con total sinceridad, él sonrió, se levantó y trajo más comida. La cena fue muy entretenida y, como siempre, hicimos el imbécil de mil formas diferentes.
- Alejandra, tengo que preguntarte algo.
- Dime - estaba nerviosa, no sabía qué podría ser.
- ¿Tú quieres ir en serio conmigo?
- ¿Pero qué pregunta es esa?
- Es que nuestra relación ahora mismo está bien, pero llegará el momento en el que se vuelva difícil y tengamos que sacrificarnos por mantenerla y quiero saber si tú estarías dispuesta a hacerlo. - carraspeó - que si un día me llaman para irme de gira o a otro país por más entrevistas cogeré un avión aunque solo sea para pasar 1h contigo y que si tengo que besar a una chica en un vídeo no te importe porque la única que hay en mi vida eres tú - hizo una pausa - además ahora mismo los paparazzis no se meten mucho en nuestra relación porque estamos empezando pero llegará un momento en el que no agobiarán y yo quiero que esté segura de lo que estás haciendo - estaba muy nervioso, no sabía lo que decía así que le besé para tranquilizarlo.
- Louis, voy totalmente en serio contigo desde el minuto siguiente al que me pediste salir - sonrió.
- Te quiero - dijo un perfecto español, me encantaba que me lo dijera en español, me derretía.
- Y yo, cielo.
- Lo siento - le miré extrañada.
- ¿Por qué? - me estaba asustando.
- No quiero dejarte ir, no quiero perderte de nuevo. Siento haber sido un grandísimo capullo, siento no ser el novio perfecto y siento no ser lo suficientemente bueno para ti pero ¿sabes? Nadie te va a querer tanto como yo, nadie te va a dar mis besos, nadie va a decirte lo guapa que eres cada día, nadie va a aguantar tus piques tontos ni tus actos sin sentido, solo yo. Solo yo sería capaz de arriesgar mi puta vida por ti porque te quiero y siento que no te lo demuestro pero te necesito.
- Eres el mayor capullo que conozco, eres MI capullo y nunca me voy a separar de ti, vas a tener que aguantar mis actos sin sentido durante toda tu vida - sonreí, sonrió y nos besamos. - Es tarde, será mejor que volvamos a casa.
- De eso nada, esta será hoy nuestra casa.
- No tengo pijama - asintió, se levantó y trajo mi pijama de rayas.
- Sí que lo tienes - sonrió.
- ¿Cuanto tiempo llevaba limpio?
- Pues se limpió a los cinco minutos de que lo echaras a lavar - me reí.
- ¿Y dónde estaba?
- Lo escondí y me lo llevé a París para recordar tu olor - rió - parezco un acosador - nos reímos. - Es mi pijama favorito, pareces una cebra sexy con él puesto.
- Así que también tienes una obsesión con las cebras... es bueno saberlo - nos reímos otra vez - ¿dónde me cambio?
- Ve a mi cuarto, al fondo a la izquierda - sonrió - yo me cambio en el de Harry.
Me puse el pijama y salí, Louis me esperaba en el sofá con sus calzonas del Manchester United que trasparentaban sus calzoncillos de Superman. Me tumbé a su lado y nos besamos una y otra y otra y otra y otra y otra vez y mil veces más.
- ¿Qué hacemos? - dijo cuando nos separamos un poco.
- Podemos jugar al parchís o a la oca o al ajedrez o...- me calló con un beso.
- O podemos darnos amor - nos besamos - mucho amor.
Seguimos besándonos sin parar, no queríamos parar así que nos levantamos y recorrimos el pasillo sin dejar de besarnos. Llegamos a su habitación y nos tiramos en la cama. Acercó sus labios a los míos y los beso una y otra vez. Me mordía suavemente los labios mientras yo me quitaba la camiseta. Bajó sus manos por mi cuerpo y me quitó el pantalón, al ratito y sin darnos cuentas estábamos desnudos. Nos seguíamos besando, nuestros cuerpos estaban enredados y nuestras lenguas jugaban. Nuestras respiraciones estaban ambas agitadas, soltaba pequeños gemidos cada vez que sus labios recorrían mi cuello, cada vez que lo mordía delicadamente. El ritmo de los besos aumentaba. Louis acariciaba todo mi cuerpo y me besaba una y otra vez, su lengua jugaba con la mía, a un ritmo algo rápido, pero no agobiante, me gustaba. Ambos soltábamos pequeños gemidos con cada beso, con cada caricia, con cada mínimo roce, hasta que al final, me hizo suya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario